Acción Senegal


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Cuaderno de viaje

"CUADERNOS DE VIAJE" es un espacio abierto a las sensaciones y sentimientos de los colaboradores de la Asociación en sus viajes a Senegal :

Noviembre 2009:

Tomás Kienast

Esta aventura no comienza en el viaje, sino mucho antes. La vida está colmada de causalidades (Y digo bien, causalidades y no casualidades), y es así que, de causalidad, conocí a Ana frente al edificio donde por causalidad ambos vivimos. Fue causalidad que en tiempos de desconfianza, me abrieran las puertas de su casa, para llamar al cerrajero (al olvidarme las llaves), y entre charla y charla conociera su pasión y entrega por el pueblo de Senegal. La causalidad quiso que de ahí en adelante nos cruzáramos mas seguido, y en cada conversación surgiera Senegal y la invitación de acompañarlos en uno de sus viajes. Esta invitación comenzó a germinar y crecer dentro de mi. Invitación cimentada sobre dudas y preguntas:"¿Para qué iría?", "¿Qué quiero de esta experiencia?", "¿Tiene sentido que vaya?", "¿Y por qué no?", "¿A qué espero?". (Cuántas dudas espesan el andar del hombre). Invitación que finalmente permitió brotar afirmaciones: "¡Animáte!", "¡Da el paso!", ¡No quieras saber el porqué.. Simplemente andá y dejate llevar!", "¡Decí: Si!", "¡Da el paso al frente!"

Los preparativos del viaje fueron intensos ya que no había que olvidarse de nada… cargar mis mejores sonrisas, empacar mi más constante predisposición, acomodar entre calcetines y camisetas alguna dosis de humildad, sencillez y respeto, y listo estaba la maleta… acompañada de 25 kilos de ropa de niños, medicinas, y juguetes… de lo relacionado al viaje, fueron Ana y Albert quienes se ocuparon de absolutamente todo. Realmente de todo. En sí, hicieron todo el viaje increíblemente sencillo con su capacidad, organización y fortaleza.

Del viaje en sí, podría compartir un montón de experiencias. ¡Muchísimas! Del extravío de maletas al llegar a Dakar (menos mal que Ana propuso distribuirlo todo entre todas las maletas… por si alguna se perdía), de las largas conversaciones con Ana, de las extensas con Albert, o del silencio compartido durante otros trayectos del viaje. De la experiencia gastronómica de Senegal, o la hospitalidad increíble de su gente. Podría dar testimonio de la belleza de sus paisajes, o de la nobleza de Bab, la alegría de Abdoulaye, la pasión de Ana, o el criterio de Albert. Aún más, podría detenerme a detallar todas las iniciativas de Acción Senegal: Los medicamentos entregados, las funciones de títeres para los niños, y los kilos de ropa y arroz para los más necesitados. De lo mucho que me divertía jugando con los niños, mientras los "adultos" interpretaban e inventariaban medicinas (qué fácil es la comunicación cuando se habla el idioma de las risas y la diversión). Pero de todas las posibilidades que se me presentan, quisiera aprovechar este espacio, y detenerme en una:

La simpleza con la que nace una buena acción. Cómo la combinación de una moneda, una fracción de tiempo, y un paso al frente, se convierten en un saco de arroz y una exclamación: "¡Detén el coche! ¡Vamos a esa casa!".

De pronto una cara se ilumina, una familia se sabe visible, en un mundo de invisibles, y el corazón de todos los testigos pega un brinco, se expande y se conmueve:

"¡Acabo de regresar del pueblo, de buscar sin éxito trabajo, y me preguntaba qué comeríamos esta noche!", "¡Gracias por haber parado y haberos acercado a mi casa, a pesar de las condiciones en que está! ¡Esto ya es recompensa suficiente para mí! ", "¡Gracias por regresar! ¡Mucha gente pasa, toma su foto, y nunca más regresa! ¡Ustedes regresaron y nos ayudaron!¡Es la primera foto que tengo de mí! ¡Que Dios los bendiga!", "¡Gracias Dios, porque nunca hubiera creído que unos tubab nos ayudarían!"

"¡Detén el coche!". Cuántas sonrisas y alivios provocó esa exclamación, y ese pequeño gesto… ese "Sí" y ese paso al frente… impagables y casi casi inmerecidos.

La simpleza con que nace una buena acción, crece, y escapa de nuestro control, como si nunca hubiera nacido de uno… de causalidad paramos a descansar y comer en Dialacoto… de causalidad supimos de un puesto sanitario y nos acercamos… de causalidad gran parte de los esfuerzos de Acción Senegal se centran hoy día en aquel poblado… simpleza en acción… nuevamente un "sí", y un paso al frente.

Esta aventura no comienza en el viaje, sino mucho antes.
Siempre tuve la sensación que mi camino algún día me llevaría al África, a ayudar donde pudiera y simplemente a acompañar donde no. Albert y Ana de algún modo, contribuyeron a alimentar esta certeza ofreciéndome una oportunidad hermosa y colmada de lecciones. La principal de ellas, enriquecedora, sencilla y cercana: Para ir y hacer… hay que ir y hacer. He aprendido de ellos, que el "Dar" no es una opción, sino un compromiso ineludible. Que incluso a veces duele y confunde. Que provoca tropiezos, miedos e incertidumbres… pero que el "Recibir" que provoca ese dar, es mucha mayor e incomparable recompensa.

Esta aventura comenzó mucho antes del viaje… y aún no ha terminado…




Abril 2010:

Ermengol Peña

Cuando Albert y Ana me propusieron hacer estas líneas, explicando mi experiencia en Senegal, pensé ... Qué lástima de la gente que lea este texto pensando en que, aquí, podrá encontrar, y hacerse una idea, de lo que he vivido en este viaje….. no soy capaz, y os cuento porqué.

Durante estos últimos meses anteriores al viaje, Albert y Ana, han pasado muchas horas explicándome (con la devoción, de quien los haya oído hablar sobre el tema, conoce) todo lo que me encontraría si los acompañaba. Tanto en lo que se refiere al proyecto que desarrolla la ONG, como a la idiosincrasia de la sociedad senegalesa, y sobre todo, de sus necesidades.

Después de todas estas charlas, sumadas a toda una vida de inputs televisivos sobre estos países, te acabas haciendo una imagen mental de lo que te encontrarás ... y te mentalizas.
Bueno, pues, ... a partir del minuto 1, todos estos prejuicios (tanto los buenos, como los malos) van cayendo uno tras otro. A partir de aquí, como podré transmitiros lo que he vivido, sentido, pensado en Senegal??? Creo que ni yo soy capaz de explicarlo, ni vosotros capaces de entenderlo (sin ánimo de ofender)

Así que he pensado hablaros de mis impresiones, y sobre todo, situaciones, que me chocaron en la consulta, y que nunca antes me había planteado, desde una perspectiva occidental.

Para poder hacer una medición de las habilidades visuales de una persona, necesitamos unas constantes: Diferentes tamaños de optotipos (letras), un contraste en el fondo también constante, una distancia fija, una habitación uniformemente iluminada, ... ups, ... primer problema, aquí no tenemos electricidad o si tenemos hay cortes de luz tres veces al día… ¿Cómo puedo hacer una medición correcta si no tengo estos mínimos??... -Pues abrimos las ventanas, no? Ok. y ¿ el día que esté nublado? -Pues, ya pensaremos otra cosa…...

Así es como funciona Senegal, tienes que ir solucionando los problemas tal y como van surgiendo, no intentes anticiparte a ellos.

Regla numero 1 en Senegal: El Horario, ... el de las gallinas. La actividad comienza cuando sale el sol y termina cuando se pone; no quieras tener mayor noción del tiempo que éste. Si tienes que quedar con alguien, le dices ... nos vemos mañana ... pero no intentes ser más preciso. Allí se hace buena la dicha de - Yo nunca llego tarde, creo expectativa ...


La sala de espera, buff, ... cuantas anécdotas dio aquella habitación!!!!!.
En aquellos momentos de caos total.... situaciones surrealistas ,.... las que quieras; Incluso algunas graciosas, que nos hacía desconectar de la cruda realidad, por un momento.
Recuerdo una niña de unos 12 años, con un infección ocular increíble; le preguntamos dónde estaban sus padres, para poder explicarles el tratamiento a seguir, pero había venido sola y vivía muy lejos del dispensario donde estábamos pasando consulta y lógicamente había venido a pie. Le preguntamos si tenía algún familiar que viviera más cerca, y nos dice que sí, pero no sabe exactamente donde. Pero de repente, nos dicen que en la sala de espera está su abuelo. Ok, que pase el abuelo. Lo hacemos pasar a la consulta, y le explicamos el tratamiento que debe seguir su nieta,... ya los despedíamos... cuando la niña nos dice: - Es que este señor no es mi abuelo ... ¡¡¡¡¡ Y aquel hombre había estado allí escuchando todas nuestras indicaciones sin decir nada!!!!!

Aquí, si nos pasamos más de 10 minutos esperando, ya nos parece una eternidad, empezamos a preguntar a la enfermera para cuando nos toca a nosotros,....

En Senegal es todo lo contrario, había gente que se pasó, vete a saber tú cuántas horas esperando, y al final ni siquiera la pudimos visitar. Pero ni levantaron la voz, ni montaron un escándalo. Mucho que aprender de su educación.

Recuerdo el momento de ir a comer, con la sala de espera llena a rebosar. Y la gente, sin alterarse decía, -no hay ningún problema-… que se quedaba allí esperando para no perder el turno, ...

También recuerdo, cuando pasamos consulta en Tomboronkoto, un señor muy mayor, debería tener entre 70 y 80 años, prácticamente ciego, con las estructuras oculares muy deterioradas por diferentes motivos y unas cataratas muy desarrolladas, y que, incluso, el año pasado una ONG de oftalmólogos americanos, le había desaconsejado cualquier operación por su riesgo.
Venía de una aldea a 7 u 8 km , con su nieto. Caminando desde el día anterior, esperando si yo le podía dar alguna solución………….. Y sólo queda preguntarte: ¿que hubiera pasado si este señor viviera en Occidente?.... ¿Si hubiera sido supervisado y tratado desde el principio de su enfermedad? ¿Se le podría haber dado una mejor calidad de vida en los últimos años de su vida? Seguramente sí.

Pero lo más curioso de todo, es que, en estas situaciones tan dramáticas, es donde aflora lo mejor de cada uno. Valores totalmente perdidos en la sociedad Occidental, y que allí por suerte, todavía perduran.

Como ejemplo de ello me viene a la mente, la visita que hicimos a un poblado donde una hija de la familia era albina; le llevamos gafas de sol, gorras, ropa de manga larga,… lo que podemos considerar más básico para evitar las quemaduras solares,... el padre de la familia, casi llorando de la felicidad, nos daba las gracias, y, es que, en realidad, eran tan, tan pobres que era lo único que nos podía dar. Ya nos íbamos cuando un vecino de dicha familia, nos detiene, con un pollo vivo entre las manos y nos lo da en símbolo de gratitud, seguramente el único animal vivo de aquella segunda familia. Pero tampoco le puedes hacer el feo no cogiéndolo, lo pueden considerar como una ofensa hacia ellos.
Y aquí es cuando me pregunto cuántos de nosotros sabemos el nombre de nuestros vecinos de rellano…...

Por cierto, el pollo, que en Senegal esta variedad se llama "pollo bicicleta" fue la comida de todo el personal médico del dispensario de Dialacoto ese día, buenísimo!!!!, nada comparado con los pollos inchados a hormonas del crecimiento y encerrados en una granja todo su vida.

Quisiera terminar mencionando una frase que me comentó Albert antes del viaje y que he ahora he podido corroborar:

"África nunca deja indiferente, o te crea un rechazo total o te enamoras de ella"…. Yo, ya he hecho mi elección.






Abril 2010:


Gerard Rodríguez

Sería muy difícil poder plasmar por escrito todas las sensaciones vividas en un viaje de estas características. Bueno, difícil no, más bien es imposible.

En mi caso personal, este ha sido mi primer viaje a África, y soy de la opinión que es una tierra que te atrapa y te roba el alma.

En Senegal hemos dejado algo más que los 400 kilos de material diverso entregado, hemos dejado una pequeña parte de cada uno de nosotros.

El viaje ya empezó antes ni siquiera de coger el avión, ya que era necesario hacer una correcta distribución de todo el material que llevábamos repartido en una docena de maletas: ropa, medicamentos, gafas graduadas, muñecos y juguetes diversos ... se puede decir, por tanto, que la primera etapa en un viaje así es preparar la logística.

Ya en Senegal, donde llegamos ya entrada la noche, las primeras horas fueron una prolongación de este trabajo logístico, agrupando el material según las zonas del país donde teníamos que llevarlo para colocar en la furgoneta de una manera que fuera fácilmente localizable en todo momento, lo que agiliza mucho nuestra labor.

Una de las sensaciones más notables que constaté es que la vida allí funciona a otro ritmo. Todo es más pausado, no hay el tráfico al que estamos tan acostumbrados en nuestra sociedad. Los minutos, las horas, los días, parece que pasen más lentamente, tienes la sensación de estar aprovechando mucho más el tiempo.

Es por ello que continuamente, entre proyecto y proyecto, durante los muchos y muchos kilómetros de desplazamientos, encontrábamos tiempo para, digamos, la improvisación, buscando villas o poblados donde poder repartir arroz, jabón o ropa.

El proyecto principal y más estimulante en este viaje era el llevado a cabo en el dispensario de Dialacoto. Es un poblado que agrupa a una región de unos 15.000 habitantes con un dispensario médico donde, a pesar de que hay un equipo de gente muy trabajadora, dinámica y preocupada por el bienestar de la población, no disponen de los recursos necesarios. La llegada allí con el coche de transporte de enfermos que entregábamos (y que previamente esa mañana habíamos estado rotulando) fue espectacular: la asociación de mujeres del poblado nos había preparado una cálida bienvenida, incluyendo música, bailes y parlamentos de algunas autoridades. Hicimos entrega, también de medicamentos, un frigorífico, un ordenador portátil y material quirúrgico.

Esta primera parada ya fue un reflejo de lo que pude constatar durante todo el viaje: la enorme gratitud que demuestra todo el mundo hacia cualquier cosa que les des o hagas por ellos. Las horas de consulta estuvieron llenas de anécdotas e historias, unas divertidas, otras tristes y duras, pero todas ellas inolvidables ... Esta tarea de atender a la gente con problemas ópticos se repitió en Tomboronkoto, otro poblado donde estuvimos unos días más tarde y donde también llevamos medicamentos.

La segunda semana de viaje estuvo dedicada sobre todo al "proyecto arroz". Cada día íbamos a comprar sacos de 50 kg de arroz y paquetes de jabón, y nos lanzabamos a la carretera; a medida que encontrábamos poblados rurales que pareciera que tenían necesidades, nos parábamos y hablábamos con la gente para conocer mejor su situación. Dejábamos también ropa, sobre todo para los niños, a quienes también regalábamos globos, caramelos ... eran días de recorrer grandes distancias y pasar mucho calor, pero que te llenan de satisfacción al ver la sonrisa de los niños, las caras de felicidad de los adultos y el hecho de poder pensar que, al menos por unas semanas, a aquellas familias les habíamos hecho la vida un poco menos difícil y dura.

Me sorprendió el hecho de que, cuando íbamos a cualquiera de estos poblados de las zonas rurales, nos recibían con los brazos bien abiertos, aunque aún no sabían ni quiénes éramos ni qué íbamos a hacer. Lo poco que pudieran tener nos lo ofrecían sin dudarlo……… Cuando vives estos momentos es fácil comprender porque dicen que el Senegal es el país de la Teranga (acogida).

En resumen, todo lo que puedo decir es que este viaje ha sido una experiencia inolvidable y que, sin duda, espero repetir ...



Noviembre 2010

Didac Jerez

Todo empezó hará 2 años….el 2008 con Nuri (mi pareja en aquel momento) decidimos marcharnos de vacaciones a Gambia y Senegal, nos hacía respeto, pero teníamos ganas de probar el continente africano.
Estuvimos 20 días aproximadamente…y si tuviéramos que resumir el viaje en una sola frase…posiblemente esta seria " volveremos seguro,….pero no como turistas", fueron muchas emociones nuevas, una cultura muy diferente, una vida diaria indescriptible,….pero todo visto desde el cielo, desde la realidad turística, en dos palabras….desde la realidad NO africana….

Lo mejor recuerdo de este viaje con mucha diferencia es sin duda un partido de fútbol que organizamos con casi todos los niños de un pueblecito de Gambia llamado Kanilai, nuestra pelota era de plástico….empezamos a pasear por el pueblo…y se nos empezaron "acoplar" niños….en 10 minutos teníamos alrededor de 60 niños y niñas de muchas edades, desde 3 añitos hasta 11-12 aproximadamente….pensamos que podríamos hacer un partido, y dicho y hecho….los padres salían fuera de casa a dejarnos sus bebés para que estuvieran con todos nosotros, y nos dirigimos todos hacia el campo de fútbol, al llegar estaba ocupado por unos niños más grandes, y no nos dejaron jugar…nos dirigimos hacia otro teórico campo de fútbol…era una explanada llena de hierbas, piedras, troncos, hierbas,…e incluso algún que otro cordero… si si…cordero… : y obviamente….porterías no había…busqué dos pares de troncos más o menos gordos….y los clavé a cada punta de campo… Hicimos creer a los niños que yo era un jugador importante en España y la verdad se que hacían bastante de caso, a partir de aquí empezamos a hacer los equipos, había tantos niños y niñas que quizás cada equipo estaba formado por 30 niños… los separamos más o menos, y empezó el partido, nosotros éramos 4 Tubabs, 2 chicas de Albacete, Nuri y yo, que hacía de jugador-arbitro….todos a salto de mata detrás una pelota, estuvimos jugando un buen rato, cierto que los más grandes quizás abusaban pero todos tenían una sonrisa de oreja a oreja….que sin duda es lo más gratificante….tengo grabado que en un momento de partido todos corriendo arriba y abajo, mientras los niños seguían jugando…me encontré tres niñas puestas en medio del campo….jugando con la arena del tierra…lógicamente…alguna balonazo recibieron…y Nuri apareció para separarlas….fue un momento inolvidable….mejor dicho…fue…el momento.

Desde entonces siempre he tenido la espinita clavada de hacer un viaje y el pasado noviembre me la pude sacar, ha sido un 2010 diferente….momentos buenos, momentos complicados, momentos diferentes, pero cuando me di cuenta que en Gerard había ido, enseguida le pregunté que tenía que hacer para poder ir, me comentó que era una ONG pequeñita llevada por su padre y el Any, pero cuando me enteré enseguida los pedí si los podría acompañar a su próximo viaje, inicialmente no tenían fechas exactas, pero una vez las tuvieron todo va venir rodado….era una motivación personal, y entre cenas, jornadas benéficas, y recogida de ropa….llegó el deseado 5 de noviembre, un viernes….maleta hecha, maleta de ropa hecha, hacia Barcelona a dormir…allá ya me esperaban Any y Albert, con una sonrisa de oreja a oreja….pues me habían ido explicando cosas, enseñado fotos, consejos, anécdotas,….Hicimos la última cena en tierras catalanas, a dormir temprano y al día siguiente hacia el aeropuerto, todo va salir rodado….ningún problema al embarque gracias a los contactos del Any, íbamos cargados con 16 maletas de 23 kg cada una, llenas de medicamentos, ropa para niños, nuestra ropa, algún peluche, papeles, dinero, y sobre todo sobre todo….ganas e ilusión al máximo.
Llegamos al aeropuerto de Dakar, allá las maletas aparecieron todas y pasamos por los controles sin problemas, Pape, Mamadou e Ibrahim ya nos esperaban, colas, stress, todo el mundo intentando hacer negocio, pero la experiencia de nuestros "jefes" lo ponía todo más fácil, todo eran consejos y buenas palabras para que todo saliera rodado puesto que hivamos con el cronómetro puesto para llegar al hotel para cenar algo.
Cargamos los 2 coches, una furgoneta de 9 plazas y un turismo, y salimos dirección el Lago Rosa, donde teníamos el hotel….y empieza la experiencia…
Éramos 6 participantes aparte de nuestros amigos senegaleses, y exceptuando la presidenta, el tesorero y yo, el resto de compañeros eran "novatos" en este maravilloso país, a pesar de que yo era cómo si lo fuera puesto que era un viaje, cuando menos, diferente.
Al día siguiente por la mañana empezamos la ruta, íbamos tan cargados que nos era imposible prácticamente cargar mucho nada, pero aún así durante los primeros días acabamos repartiendo sacos y comprándolos de 2 en 2.

Senegal es un país donde la palabra tiempo no existe, nunca puedes decir "Quedamos a las 11h", es prácticamente un delito, puesto que siempre puede aparecer el sr. Murphy y cargarse los planes que tenías hechos, un control policial, el pinchazo de rueda, una caravana inesperada, unas obras improvisadas, un bache gigante a la carretera,….entre otros…
Las paradas….las realizábamos un poco a ojo, la experiencia del Any y el saber hacer de Albert, junto con la desgracia que la época de lluvias se había cargado muchas cosechas, hacía que cualquier parada fuera especial, diferente, eso sí, toda, absolutamente toda la gente nos abría las puertas de casa suya, nos daba el poco que tenían, incluso, alguna familia la cual no tenía nada para ofrecernos, nos cogían de las manos, y nos rezaban deseándonos lo mejor de lo mejor para cada uno de nosotros, un momento impactante, no entendíamos prácticamente nada, puesto que hablaban con wollof, o mandinga, o fulah, y a pesar de que en Mamadou nos traducía todo lo que podía, la buena fe que desprendían sus palabras eran mágicas, era un desprendimiento de alegría, y mira que tan sólo los "sacábamos" de uno apuro" hablando en plata, pero estaban más que agradecidos, los pequeños con su "cadeaux", las mujeres de las familias contentísimas por el jabón y la ropa para los niños, y los padres de familia invitándonos siempre a volver para lo que nos pudiera hacer falta…

Después de reubicar todo el equipaje separando lo que iba a cada lugar, entre medicinas y clases de ropa, nos despedimos de Ibrahim que se volvía, y nos quedamos con la furgoneta cargados hasta arriba todavía. Al cuarto día marchamos dirección Dialacoto, personalmente para mí, el momento del viaje, la asociación está como agermanada con este pueblo, y la gente del pueblo nos esperaba, cuando llegamos el pueblo se ve, siento la expresión pero no he encontrado una de mejor, "la gente enloquece", fue increíble, alucinante, cada vez que pienso se me pone la piel de gallina, una sensación de alegría desatada. Exceptuando a Anna y Albert no nos conocían, pero era igual, todo el mundo estaba feliz de vernos llegar, fue tal la emoción que no pude aguantarme, y si, lloré de alegría, con un nudo a la garganta que cada vez que me saludaba alguien no me dejaba tragar la saliva, hacía mucho tiempo que no veía una cosa así, y sólo por este momento TODO absolutamente TODO el viaje ha valido más que la pena, y sé que algún día volveré, no sé cuando, pero lo haré.
Podría alargarme explicando todo de cosas del resto del viaje, pasamos consulta unos días en Dialacoto, y en Tomboronkoto, con muchos problemas de niños con malaria, dolores de cabeza, depresiones, … repartimos más de 2000 kg de arroz, yo quería más, pero tampoco podíamos forzar y hacer ir mal la expedición, pastillas de jabón, acabamos las tropecientas bolsas de ropa que traíamos, y a pesar de que sabes que ellos son felices ni que sea temporalmente, te queda aquella sensación que nunca habría suficiente, pero te vuelves aquí y ves la gran suerte que hemos tenido al nacer aquí, o quizás no, quizás la suerte habría sido haber nacido allá, por qué allá, sin tener nada son felices, y tienen unos valores como la familia, el trabajo y el esfuerzo para salir adelante, que aquí a veces nos quejamos….porque no tenemos cobertura al móvil, o porque hoy no puedo ir a comer fuera….estoy contento, he aprendido mucho en este viaje y tan sólo puedo decir…GRACIAS!

El resto de detalles, turísticos, Tabasque, paradas puntuales, escuela, niños albinos, ya os las comentaremos con fotos, videos, o charlando un día con calma, y sino tenéis al Any y a Albert que son dos enfermos de Senegal que tienen un corazón tant grande que posiblemente se los cabría todo Senegal y parte de Gambia, que estarán encantados de responder cualquier pregunta y ver con la humildad que lo hacen, ellos no lo saben. Si cada cual de nosotros colaborases una milésima parte de lo que hacen ellos….todo sería más sencillo, y no sabríais la cantidad de sonrisas que conseguiríamos robar a los niños, que en este caso, posiblemente sean el motivo más reconfortante para seguir adelante.



versión 28/07/2011 | albert@accionsenegal.org

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